La contaminación del aire por NO2 y partículas en suspensión agrava el efecto del COVID-19

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La tasa de mortalidad del COVID-19 es mayor en lugares que tenían una mala calidad del aire antes de la pandemia, según diversos estudios. El dióxido de nitrógeno y las partículas finas en suspensión, dos contaminantes generados por el tráfico rodado, se relacionan con una mayor incidencia del coronavirus, dicen los investigadores.

Desde el comienzo de la pandemia de coronavirus ha habido un debate abierto sobre la posible relación entre la calidad del aire y el efecto del COVID-19 sobre la población.

La contaminación atmosférica es una causa conocida de problemas respiratorios y otras dolencias. Debido a ello, se tiene la intuición de que el virus puede afectar más a aquellos sectores de población que tienen ya la salud cardiorrespiratoria afectada en algún grado por la polución ambiental.

Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad Martin Luther Halle-Wittenberg de Alemania presentan una estudio preliminar en la revista Science of the Total Environment que indaga en la relación entre la exposición a largo plazo al dióxido de nitrógeno (NO2), uno de los contaminantes habituales en ciudades generado por la combustión de combustibles fósiles, especialmente el diésel, y la muerte por coronavirus.

Para ello, se centraron en varias regiones de Alemania, España, Francia e Italia. Utilizaron los datos sobre contaminación suministrados por la misión Sentinel-5P del programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea, que permiten mapear la distribución troposférica de NO2. Además, añadieron el análisis meteorológico ofrecido por el sistema.

NCEP / NCAR de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos, para saber si las condiciones atmosféricas del momento hacían que los contaminantes permanecieran más tiempo por falta de corrientes de aire que los dispersaran.

“El análisis espacial se realizó a escala regional y se combinó con el número de casos de muerte registrados en 66 regiones administrativas en Italia, España, Francia y Alemania. Los resultados muestran que de los 4.443 casos mortales, 3487 (78%) se localizan en cinco regiones ubicadas en el norte de Italia y el centro de España”, aseguran los autores del estudio.

Además, precisamente esas mismas cinco regiones son las que tienen una combinación fatal de contaminantes y de condiciones atmosféricas. Cuentan con concentraciones más altas de NO2 combinadas con un flujo de aire descendente que previene la dispersión eficiente de la contaminación, el conocido efecto boina de capitales como Madrid.

Para los autores del estudio, “los resultados indican que la exposición a largo plazo a los óxidos de nitrógeno puede ser uno de los factores más importantes en la mortalidad causada por el virus COVID-19 en estas regiones y tal vez en todo el mundo”.

No obstante, los propios autores señalan que se trata de un trabajo preliminar y que este tipo de estudios, basados en correlaciones entre unos indicadores y otros, no es posible certificar de forma rotunda la relación de causalidad. Sería necesario añadir más evidencias para ello.

El estudio alemán no es único reciente que analiza la relación entre polución atmosférica y COVID-19. Otro trabajo publicado el 7 de abril abordaba en este caso el efecto de las partículas finas en suspensión, un contaminante proveniente del tráfico rodado, y su conexión con el coronavirus. La conclusión es que, incluso niveles pequeños de aumento de partículas en los años previos a la pandemia se asocian con un aumento de la tasa de mortalidad del COVID-19 sobre la población expuesta.

El trabajo se ha llevado a cabo en este caso por la Harvard TH Chan School of Public Health de Boston. Analizó la calidad del aire en 3.000 condados de EEUU, que abarcan el 98% de la población del país: “Hemos hallado que un incremento de solo un microgramo por metro cúbico de partículas de grosor 2.5 basta para producir un aumento del 15% en la tasa de mortalidad del COVID-19”, afirman los autores.

En relación con las partículas en suspensión, un grupo de médicos italianos liderados por Leonardo Setti, de la Universidad de Bolonia, publicaba el pasado 20 de marzo un comunicado señalando que se podía relacionar la rápida propagación del coronavirus en el norte de Italia, especialmente en Padania, con alta contaminación por partículas del área.